9.2.11

La Dama del Corredor


Por los anchos corredores de aquel monasterio
Se posa sobre las sombras una figura indistinguible,
Sus lagrimas, figuras de cristal, la mancha indeleble,
Distantes, mas no son kilometros del cementerio.
Son pasos, son estrellas dispersas en aire helado.

Su cabello, retrato muerto y monotono del tiempo.
Zafiros que brillaban como el sol, ahora eran solo luna.
Luna de mil eclipses, esperando junto al mar y la arena.
Historias, letras en sangre que giraban como un trompo,
Escondiendose de las miradas ajenas, siempre ocultas.

Que sentido tiene esperar a lado de un simbolo de muerte?
La dama de blanco jamas avisara con certeza su visita,
Como garras, y cual bestia salvaje, su voluntad se precipita,
Ante los gritos desconsolados, ella siempre los deja a su suerte.

Su sonrisa fue arrebatada por el tiempo años atras,
"Salvame, matame, llevame a tu morada" era lo que pedia,
Sin embargo y por mas que intentara, se desvanecia en discordia,
Y se perdia entre las hojas muertas del quinto otoño del dia.

Sin poder recoger ya ningun fruto de las frias arenas,
Su alma se sumia en desconsuelo, y abnegada a toda suplica,
La daga aun recorria su camino en nombre de Satanas,
Esta solo alargaba la sombra que se posaba por la mayolica,
Penetraba, sin ceder.

Tragica historia acabada en un ocaso rojizo, cual ocasion.
Su tunica eran todas las gotas derramadas en invierno.
Quien llorara por ti ahora, dama de los corredores,
Quien llorara por tu amor bajo tierra?